Atamisque, una de las bodegas más atractivas de Mendoza, enclavada en un paisaje único, está dedicada a hacer vinos de terroir y también a ofrecer experiencias que van desde la gastronomía al hospedaje, pasando por el golf, el relax y el arte.
Atamisque, una de las bodegas más atractivas de Mendoza, enclavada en un paisaje único, está dedicada a hacer vinos de terroir y también a ofrecer experiencias que van desde la gastronomía al hospedaje, pasando por el golf, el relax y el arte.

Entre el propietario de la casa, John Du Monceau y su enólogo; Philippe Caraguel; hay mucha química, además de respeto y admiración mutua. Y es el origen francés de ambos el que los vincula a fuego desde que se conocieron. Philippe es Ingeniero agrónomo y winemaker con una Maestría en Enología y Viticultura (Montpellier. Francia). Sin dudas, es uno de los hacedores con más experiencia, y con trabajos realizados en las zonas más célebres de la vitivinicultura mundial (Champagne, Bordeaux, Bourgogne y Sancerre). La elegancia, la intensidad y fineza de sus vinos, son el fiel reflejo del arte respecto del conocimiento del terroir y la influencia de la enología francesa, pero con estilo argentino. Philippe sabe que el terroir enlaza cepajes, suelos y clima, en un lugar muy especial de Mendoza, que está destinado por naturaleza a dar vinos de prestigio. El distrito de San José, en el departamento de Tupungato, es uno de los mejores de la provincia según su expertise, porque allí se encuentra la combinación de días soleados y noches frescas, requerida para lograr una perfecta concentración de colores, aromas y taninos suaves, que permitan elaborar vinos de guarda. Los suelos del viñedo, al ubicarse en una pendiente que viene de la Cordillera, tienen una mezcla interesante de tierra de origen aluvional, con substrato rocoso y capas superiores de textura franca-arenosa.

A lo largo de estos años, han realizado estudios de las parcelas de sus viñedos, los cuales permitieron conocer la respuesta fisiológica de cada cepaje en cada tipo de suelo. Y, a partir de la precisión del manejo del viñedo, con rendimientos moderados asignados para resaltar la cualidad de cada uno, conciben cada línea de vinos. En los últimos años, han llevado a cabo trabajos para exaltar las virtudes originales de los viñedos, alcanzando rendimientos reducidos a fin de lograr una alta tipicidad varietal. Las uvas provienen de viñedos propios (135 hectáreas plantadas), situados a 1.300 metros de altura y de algunos pequeños viñateros con viñedos de 90 años. Además del Malbec clásico, aprovechan el clima fresco de la zona para desarrollar otras variedades como Chardonnay, Sauvignon Blanc, Viognier, Pinot Noir, Merlot, Cabernet Sauvignon, Petit Verdot y Cabernet Franc; cepajes que exaltan sus cualidades cuando se cultivan en esas condiciones climáticas.

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