Pioneros en Gualtallary, la bodega Andeluna lleva más de 20 años aprendiendo de su entorno para lograr interpretarlo de la mejor manera posible, y se ha convertido en una referencia de la zona, tanto por sus vinos como por su propuesta enoturística.
Pioneros en Gualtallary, la bodega Andeluna lleva más de 20 años aprendiendo de su entorno para lograr interpretarlo de la mejor manera posible, y se ha convertido en una referencia de la zona, tanto por sus vinos como por su propuesta enoturística. El nombre de la bodega está inspirado en donde se conjugan los dos hemisferios del vino; el terrenal y el mítico. ANDE refiere a la montaña que el hombre conoce y cultiva, para obtener los frutos más perfectos, aprovechando las excepcionales condiciones de la tierra, el agua y el clima de la altura. Y LUNA al espacio de inspiración y magia, imprescindibles para que pueda nacer un gran vino. Construida en el año 2005, la bodega respeta y realza la arquitectura y los materiales de la zona, sumándose al entorno sin alterar la mágica presencia de la montaña. Posee una capacidad cercana al 1.5 millones de litros en tanques de acero inoxidable, una cava subterránea con mil barricas de roble y una estiba cercana al millón de botellas. El equipo enológico es la clave para culminar esa amalgama de suelo, tecnología, historia y la mano calificada y sensible de los seres humanos. Ella, Jimena López, cuenta con una amplia trayectoria en la industria vitivinícola, en la que ha trabajado durante 30 vendimias consecutivas en más de 7 países, incluyendo Francia, Alemania y Estados Unidos. Su filosofía de trabajo y sus principios relacionados a la sinceridad, la transparencia y el cuidado del viñedo, de la mano de su gran pasión y meticulosidad, le aseguran a la bodega un extraordinario nuevo capítulo en su historia.

Todos los vinos se elaboran con uvas propias. Pioneros en la zona y grandes conocedores de Gualtallary, a 1.300 mts sobre el nivel del mar. Poseen 80 hectáreas de viñedos de diferentes edades. Y los vinos de esa zona de montaña, pedregosa, con raíces que luchan entre arena, la presencia de cal y el material calcáreo, logran una gran personalidad. La zona se caracteriza por su altitud, gran amplitud térmica, noches frías, extrema luminosidad diaria, suelos pedregosos, aluvionales y un excelente drenaje subterráneo y la escasez de lluvias. Esta suma de virtudes convierte a la zona en ecológicamente ideal para el desarrollo de vides sanas.
Se trata de auténticos vinos de montaña que nacen en la parte más alta de Los Andes, en suelos aluviales que dejaron de ser mar hace 100 millones de años. Con el compromiso y el desafío de interpretar la historia rica, la flora austera, los colores cambiantes, los aromas frescos, el vuelo de las aves. Por eso, en cada vino respetan ese imponente escenario, con la pasión de su gente y las ganas de trascender fronteras con cada botella.

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