jueves 22 de agosto de 2019

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NOTICIAS | Hace 4 semanas

En vinos, ¿sirven los premios?

Codiciados por muchos enólogos y bodegueros significan un aval para muchos consumidores, aunque no siempre destacan a los mejores vinos de la góndola

Codiciados por muchos enólogos y bodegueros cada año, todavía significan un aval para muchos consumidores, aunque no siempre destacan a los mejores vinos de la góndola. Cómo hacer para saber cuál es cuál es (a veces) la cuestión a la hora de elegir. 

El concurso de vinos es una de las estrategias más antiguas para promover un vino. Comenzaron en Europa a mediados del siglo XIX con el objetivo de destacar a los mejores vinos, y rápidamente fue adoptado por el consumidor, que entendió en cada medalla (sticker de papel pegado en la botella de oro, plata o bronce) una garantía extra, más allá de la marca. En épocas donde la comunicación y los medios empezaban a dar sus primeros pasos, resultaron muy efectivas para promover vinos en otros mercados, donde las etiquetas no eran reconocidas por el consumidor, pero si se entendía el significado de una medalla.

Actualmente siguen siendo efectivas para promover etiquetas en las góndolas, pero ya no para todos, porque muchos consumidores no necesitan que nadie les avale su propia elección vínica. Y en la era de internet, todas las dudas están al alcance de un clic, y la reputación de varios concursos no es de las mejores. Básicamente porque se multiplicaron alrededor del mundo, devaluando el valor de sus medallas. Además, la mayoría de los mejores vinos del mundo prefiere no rifar su prestigio en un concurso, ya que muchos, en lugar de lucir orgullosos una medalla, aprovecharían para difundir  que, más allá de ese logro, su vino le ganó a tal o cual gran etiqueta.

Entender cuáles son las medallas más valiosas puede ser clave a la hora de elegir una botella para regalar o regalarse.

Cómo son los concursos de vino

La OIV (Oficina Internacional de la Viña y el Vino) es el organismo intergubernamental, de carácter científico y técnico, con competencia en el campo de la viña, el vino y todos los productos derivados de la vid. Es decir, la máxima autoridad en el tema a nivel global. A mediados del siglo pasado decidió tomar cartas en el asunto y regular muchos de los concursos, disponiendo una serie de reglas, ya que cualquiera podía (y puede) organizar un concurso de vinos.

El concurso de vinos es una de las estrategias más antiguas para promover un vino

Hasta comienzos del milenio, seguían siendo una herramienta fundamental para promover los vinos, sobre todo en mercados de exportación. No por casualidad, los concursos más importantes se organizaron en los países de mayor consumo (Francia, Italia, España, Argentina, Estados Unidos, etc.) o con mayor poder de compra (Reino Unido, Alemania, Bélgica, etc.). Suena lógico porque en muchos países están acostumbrados a ir al supermercado y tener góndolas de vinos de todo el mundo ordenadas por países, siendo casi imposible reconocer a un productor. Pero si un origen, un cepaje y, por supuesto, una medalla. Porque supuestamente un vino premiado debería ser mejor que otro sin medalla del mismo tipo y en el mismo segmento de precios.

Fue así como algunos concursos se erigieron en referentes, muchas veces apalancados por publicaciones específicas o grandes exposiciones.

Los organizadores convocan a un panel de degustadores expertos, que puede ser del país en cuestión o de otros países, sin que ello signifique la internacionalidad del concurso, ya que esto se da por el origen de los vinos participantes. Por ejemplo, un concurso de vinos argentinos catados por un jurado local o internacional será nacional o regional, dependiendo de los vinos degustados. Muchos de estos se dan varios meses después de la cosecha, para evaluar la calidad del año (EVISAN de San Juan, EVICO o EVINSUR de Mendoza, COPROVI de Salta, etc.). Pero un verdadero concurso internacional es aquel que reúne a jurados de todo el mundo para evaluar vinos de todo el mundo. Básicamente porque el gran objetivo sigue siendo promover el consumo de vinos en los distintos mercados.

Concursos de vinos

En un salón acondicionado para albergar a la cantidad de catadores; que puede llegar hasta los 300; se degustan los vinos a ciegas y en silencio, es decir que el jurado no sabe qué vinos está degustando a la hora de completar la planilla tipificada por la OIV, en la que se consigna una calificación a cada uno de los aspectos básicos de la cata: la vista, el aroma, la boca y una conclusión final. Esa sumatoria determina un puntaje global que significará posiblemente una medalla. Por reglamento de la OIV, solo el 30% de los vinos concursantes pueden aspirar a ser reconocidos con medallas dentro de un concurso, y esto determina una exigencia mayor en las competencias con mayor cantidad de vinos. Ya que el corte (al 30%) será a un puntaje más alto. Hay que tener en cuenta que para obtener el máximo premio, que es la medalla doble oro, un vino debe superar los 95 puntos en el promedio de todos los integrantes del panel.

Los vinos se degustan en copas normalizadas y a temperatura correcta de servicio, y los catadores tienen solo 3 minutos por vino. Una jornada normal comienza a la mañana temprano y culmina pasado el mediodía, luego de haber evaluado 45 muestras. Aunque muchos otros concursos son en doble turno, siguiendo después del almuerzo, y catando unos 80 vinos hacia el final del día. Es decir que, en tres días, cada jurado puede degustar entre 90 y 250 vinos, dependiendo del concurso. Una competición seria reúne entre 3000 y 15000 muestras de todo el mundo. Por lo tanto, ningún jurado puede degustar todos los vinos a lo largo de la competencia, sino que se reparten aleatoriamente entre todos los paneles.

Concursos de vinos

Al finalizar las degustaciones, y con los resultados procesados por la organización, se dan a conocer las medallas. Un sistema muy transparente pero también falible, porque la degustación es una foto, un momento. Y quizás, un gran vino de una bodega puede pasar desapercibido tranquilamente. Por eso, no ganar una medalla habiendo participado brinda información a la bodega que recibe el informe de la performance de su vino, pero no es más que eso. En cambio, ganar una medalla puede significar abrir puertas en distintos mercados por conquistar, o potenciar las ventas actuales.

Los concursos más respetados

Cabe destacar que este tipo de competición influye más en el retail, que son los clientes directos de las bodegas, ya que los consumidores finales son clientes de los que venden los vinos. Por eso, los concursos más importantes son aquellos que sí tienen algún tipo de influencia a la hora de potenciar las ventas, y funcionan mejor en mercados consumidores de países no productores, donde los vendedores necesitan más excusas para vender vinos a sus clientes.

Un concurso es más importante que otro por cantidad de vinos participantes. Hoy, los más respetados superan holgadamente las 10.000 etiquetas evaluadas. También por la calidad del jurado convocado (periodistas, sommeliers, enólogos, vendedores, profesionales, etc.). Pero sobre todo por el poder de comunicación que tienen de los resultados. Es por ello que detrás de los concursos más importantes están las publicaciones especializadas más prestigiosas. La antigüedad de la competencia habla de una trayectoria, y eso también aporta prestigio a las medallas otorgadas.

Charles Metcalfe, Diane y Herve Tim Atkin

Entre los concursos más importantes se encuentran Mundus Vini, que se realiza en Alemania, y los premios se anuncian en Prowein; la exposición de vinos más importante del mundo. El IWC (International Wine Challenge) y el Decanter World Wine Awards; ambos llevados a cabo anualmente en la ciudad de Londres. El Concours Mondial de Bruxelles, que nació en Bélgica, pero desde hace tiempo se realiza en distintos países (principalmente europeos) que buscan promover alguna de sus regiones vitivinícolas. También Vinalies Internationales (Francia), IWSC (Reino Unido), Bacchus (España), Vinitaly (Italia), y Vinandino (Argentina).

Todo esto es mucha información para el cliente que llega a una vinoteca o a un supermercado y se encuentra con su botella de siempre y, a su lado, una del mismo tipo (varietal o blend) y precio, pero con una cucarda.

Lo primero que hay que tener en claro es que una medalla no necesariamente implica un mejor vino. Ver el nombre de la medalla puede ayudar, sobre todo para buscar si hay otros vinos en la góndola con alguna similar. Porque si bien es cierto que una medalla es un premio legítimo, y supone haber superado a los demás en una competencia oficial, generalmente no se sabe contra cuáles compitió. Además, no garantiza una mejor calidad, ni mucho menos que guste más. Es solo una información más, como el origen de las uvas, el tiempo de crianza o el enólogo.

Los vinos argentinos siguen teniendo una participación activa en los principales concursos del mundo. Esto delata la necesidad de seguir ganando mercados, pero también que una buena medalla ayuda a las ventas en el mercado interno.

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