LO QUE VIENE | Hace 2 meses

Hermanas, de sangre y vino

Con la bodega encaminada y bien posicionada, tanto en el mercado interno como en el externo, y siendo una de las más visitadas del país, llegó el momento de crear una línea de vinos propia.

Fabricio Portelli
Fabricio Portelli

Periodista especializado y sommelier

Las hijas de don Enrique Pescarmona crecieron entre vides y vinos, ya que adquirió la tradicional bodega de Mayor Drummond; fundada en 1897; en 1969, cuando ellas no habían nacido.

Hacia finales de los 90´ la bodega gozaba de un gran reconocimiento, a la altura de las grandes y tradicionales, aunque se tratara de una pequeña bodega familiar. Pero en 1999 Sofía tomó las riendas, y no solo logró aggiornarla; respetando su espíritu; sino también dar un paso más adelante con vinos innovadores, siempre con Juan Roby (enólogo) a su lado.

Lo primero que hizo ella fue “acomodar” el Lagarde Malbec DOC, y darle una impronta al vino más apoyada en la fruta que en la crianza, como se estilaba en la época. Y así se sucedieron innumerables cambios en todos los ámbitos de la compañía, incluyendo una remodelación total de la bodega. Gracias a ello, hoy Lagarde es una de las más visitadas del país, con su restaurante Fogón como estrella, ya que permite disfrutar de un almuerzo a la sombra de una higuera centenaria, y tocando las viñas (literalmente) con las manos.

Pero Sofía ya no está sola, porque hace varios años se sumó Lucila, actualmente dedicada al comercio exterior y radicada en San Francisco con su familia. Ambas son responsables del momento que vive la bodega con todos sus vinos, elaborados con uvas propias de sus viñedos tradicionales de Luján de Cuyo, y ahora también de sus nuevos en Gualtallary.

Proyecto Hermanas Lagarde

Respetan mucho su pasado, y la pasión por le vino que Enrique y Lucy (papá y mamá) les legaron, porque no solo son propietarios de una bodega, sino que son viajeros incansables en busca del placer que les genera descubrir nuevas zonas vitivinícolas y sus vinos. Ellas crecieron rodeadas de las mejores botellas de vino del mundo, siendo testigos de innumerables degustaciones en casa, gracias a la generosidad de sus padres, que siempre compartieron los vinos con sus amigos.

Por eso, no solo hay algo genético en ellas que las relaciona al vino desde su nacimiento, sino que adquirieron el gusto, la pasión y el conocimiento.

Hoy, cada una tiene su paladar formado, y participa de la elaboración de los cortes finales de todos los vinos de la bodega, desde Altas Cumbres hasta el Henry Gran Guarda Nro. 1, aunque en este último, la última palabra sigue siendo la de “Henry”.

Eso habla de cómo están involucradas con la bodega familiar. Pero hace algunos años, el destino las separó. Al principio fue una aventura, pero luego comenzaron a padecer las distancias. Porque si bien trabajaban “juntas” en la bodega, sus oficinas estaban a miles de kilómetros.

Proyecto Hermanas Lagarde

Y como se extrañaban tanto, decidieron hacer algo que las uniera más, que les diera una excusa “nueva” para hablar más seguido. Pero por sobre todas las cosas, que les permitiera crear algo propio a imagen y semejanza pensando más en la generación que les sigue; sus hijos.

Así nace “Proyecto Hermanas”.

Proyecto Hermanas

Con la bodega encaminada y bien posicionada, tanto en el mercado interno como en el externo, y siendo una de las más visitadas del país, llegó el momento de crear una línea de vinos propia, que no tuviera la “obligación” de cargar con el peso y la tradición de Lagarde, como los Altas Cumbres, Lagarde, Guarda, Primeras Viñas o Henry; pero si aprovechando el prestigio. 

Pensaron primero en qué las hacía diferentes, y eso lo volcaron a unos pocos vinos. El primer intento llegó en el formato de Sister´s Selection, un par de blancos elegidos por Sofía, y un blend tinto por Lucila. Pero la idea era ir un paso más allá, y no elegir vinos que les gustaran entre los muchos que elabora Juan Roby.

Proyecto Hermanas Lagarde

Así fue como lograron hacer nuevos vinos desde la viña, que reflejan la personalidad de cada hermana. Mientras Sofía (la mayor) se la juega por vinos serios a partir de varietales puros provenientes de parcelas específicas, directos y equilibrados en sus expresiones, y de personalidad austera, como la de ella. Y Lucila con algo más de locura intelectual, fue por blends, con más cuerpo, fuerza y vivacidad, de carácter más elocuente, tal como es ella.

Y si detrás de cada buen vino hay una historia, acá hay un contra punto interesante entre ambas que va más allá de dos hermanas de distintas generaciones, y que gustan de vinos (y cosas) diferentes. Hoy eso queda claro en los vinos, no tanto por la diferencia de estilos; ya que los cuatro son frescos y con una acidez determinante; sino por el concepto de cada uno, ya que mantienen una línea (por ahora dos para cada una), y expresas de manera práctica lo que ellas dicen. El tema es que no todos los consumidores pueden conocerlas y escuchar la historia. Por lo tanto, el concepto se vuelve relevante y clarificador. Sofía es la hermana “varietal”, y Lucila es “blend”. La primera, es la mayor y más madura, centrada y que sabe desde el vamos qué es lo que quiere, de donde viene y hacia donde ir. Tal como son los varietales genuinos, se muestran como son, con sus características naturales, y sin nada que pueda “maquillar” su apariencia. Por su parte, la segunda es más aventurera, que tiene claro de donde viene, pero quiere seguir alimentando su espíritu de búsqueda, sin importar a donde la lleve. Tal como son los blends modernos, imprevisibles y cambiantes durante su evolución en botella.

Proyecto Hermanas Lagarde

Son sutilezas conceptuales que quizás hoy sean irrelevantes, pero si en 10 años esto toma la dimensión y el prestigio que se ellas imaginan, la claridad conceptual e intelectual permitirá una apreciación más profunda a partir de estas diferencias sustanciales en los vinos. Hoy se llaman Proyecto Hermanas, y debería seguir así por siempre, porque cada nuevo vino será un nuevo proyecto.

Proyecto Hermanas Lagarde

Por el momento, las chicas están contentas con haber inaugurado una nueva etapa en la bodega, y con su propio sello; Pescarmona Wines; pero se nota que no solo quieren divertirse. Son exigentes y esperan más de sus cuatro vinos; con la acidez como hilo conductor y de partidas limitadas (entre 1000 y 3000 botellas); mientras ya imaginan cómo agrandar la familia (de vinos), a partir de la búsqueda y el estudio de nuevos viñedos.

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Fabricio Portelli
Fabricio Portelli

Periodista especializado y sommelier

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